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¡Wow, este fue un momento inolvidable!

La vida es simple, se trata de conectar experiencias en la que dices…

Por Gerhard Weil @GerhardWeil

Fotos: Christian Teppa @Teppasrockphoto

FLUIR sobre un elemento vital como el agua sobre un SUP (Stand Up Paddle) es increíble pero si a eso le sumas practicarlo en el rio subterráneo más importante de Venezuela, con galerías de hasta 20 metros de altura con cientos de murciélagos volando a tu lado mientras escuchas el canto de guacharacas y si, a eso le sumas, compartir la travesía junto a otros 11 compañeros de espíritu libre incluyendo a Elisa, una niña aventurera de dos años de edad que duerme plácidamente entre tus pies, se convierte en una experiencia extraordinaria, como de otro planeta, de las que simplemente dices: ¡wow, este fue un momento inolvidable!”

Era una cálida noche de octubre, tras un día intenso de trabajo, de pronto repicó mi teléfono móvil para recibir una invitación muy especial. Era Daniel Macedo, director y fundador de la operadora de turismo de aventura Climbing Venezuela quien, en consenso con el para atleta extremo, director de GS Metas y líder de la expedición, Guillermo Sfiligoy, me propuso ser parte de un viaje a un lugar mágico al que prácticamente era imposible decir que no. Aquella oferta tentadora consistía en ir explorar, sobre tablas de SUP y tripas de camión infladas, las profundidades del río subterráneo del Parque Nacional Cueva de la Quebrada El Toro, ubicado en el medio de la cuenca que divide el estado Falcón y el estado Lara.

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Al escuchar la idea, me brillaron los ojos y el latido de mi corazón empezó a bombear fuerte adrenalina pura y por supuesto, ni corto ni perezoso, respondí: “¡Estoy listo! ¿Dónde monto mis tablas?”. Una vez más, la sincronicidad perfecta hizo de las suyas. En una semana estaba montado, rumbo al occidente del país, en uno de los dos vehículos 4×4 cargados de equipos de aventura con todo lo necesario para desconectarnos cuatro días de la civilización. Con total seguridad de que aquel viaje sería otro punto de no retorno y que aún en aquel escenario oscuro e inhóspito nos daríamos el chance de abrir nuevos caminos y explorar a profundidad el epicentro de nuestro ser fluyendo por el caudal del pensamiento regenerativo y con la garantía de ir bien acompañados por esos aliados que te brinda la vida.

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El día siguiente de nuestra llegada al campamento base, muy temprano en la mañana hicimos, en grupo, una ruta de
10 Kms por la montaña que conducía al campamento base ubicado en la estación de guarda parques, con la novedad de acompañar a Guillermo, en mountain bikes o trotando, mientras disfrutaba como un niño rodar cuesta abajo en downhill su mano bicicleta, en una rodada cero límites. Al llegar al campamento base, tras una caminata de media hora por un sendero de la montaña, llegamos a un boquete enorme y al cruzar aquel umbral de luz que nos conducía a la profundidad de la caverna en donde empezamos a afrontar nuestros miedos más ocultos; activándonos, readaptándonos y reinventándonos, en situaciones que parecieran adversas como la claustrofobia y la oscuridad en un lugar enigmático, húmedo, frío y image2posiblemente hasta tenebroso. Atravesar galerías muy altas y espaciosas o espacios confinados donde había que lanzarse al agua para cruzar entre grietas en donde apenas pasaba tu cabeza. Metafóricamente, el superar cada prueba empezó a darle sentido al verdadero propósito del viaje: conectarnos con nuestro entorno, descifrar el laberinto infinito de conocernos a nosotros mismos y redescubrir el significado de la hermandad. Ese término poderoso que simboliza la conexión profunda entre amigos que comparten cariño, empatía, compañerismo y solidaridad, que permanece más allá de lo que concebimos como tiempo y espacio.

Al final la travesía, de un poco más de dos horas, cerró con broche de oro cuando resonaron las paredes de aquel templo natural imponente, con acústica muy particular, que rebotó con su eco el llanto melodioso de un mega jamming de blues en Do a dos armónicas y nos lanzamos a la musa de la inspiración. ¡Alucinante!

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Despertar la conciencia no es un proceso de ascensión. Es una inmersión a nuestro interior, para luego iluminar el exterior con nuestra esencia”. Ismael Cala.