Enciende tu pasión, no el ecosistema.

Por Willians Pérez

Fotos: Cortesía de Enrique Saavedra, Hilenia AndradesRina Diaz

IMG_20161023_080516¡Ávila, Cerro Ávila! El ADN de todos los caraqueños y un símbolo para todos los venezolanos.  Un verdadero escenario natural que enciende la pasión por respirar aire fresco de montaña e incita a más de uno a sumarse al deporte, la recreación y el contacto con la extraordinaria naturaleza. Un lugar perfecto para “dejarse fluir.”

IMG_20160705_174759Por fortuna, desde pequeño he podido disfrutar de la atracción central de Caracas. Pensar en El Ávila te lleva a imaginarte todos los tonos verde-azulados que puedan existir; y no solo eso, es también sentir la tierra en tus pies, el aire puro recorriendo tu cuerpo y desintoxicando tus pulmones del contaminado aire citadino.

Para muchos, tal vez se trata de tan solo una montaña más, pero para los que nos gusta el montañismo, en todas sus expresiones (alpinismo, senderismo, barranquismo, ascenso y descenso) es mucho más que eso. Es la adrenalina pura expuesta en media ciudad.

El Ávila es y seguirá siendo un plan perfecto: subir a la Cota Mil y recorrerla por uno de esos senderos escondidos en una larga y extenuante excursión; subir por la trocha de San Bernardino o Galipán y disfrutar de toda la experiencia extrema que te ofrece. IMG_20161023_080113

El Ávila es vivir a plenitud a través de la adrenalina; subir por Lomas del Cuño hasta la Cruz del Ávila; de La Julia a Quebrada Chacaíto, y desde las mil y una entrada en la Cota Mil. Sentir como el aliento se va acortando y como el aire se va tornando más denso y puro, eso es vivir El Ávila.

RIna AvilaAl igual que muchos otros apasionados a los deportes de montaña, tanto profesionales como Amateurs, aunque no me considero la persona más fitness, se que coincidimos en la emoción de sentir como la tierra va cediendo bajo tus pies, mientras avanzas por sus caminos, como cada sendero o cada roca te demanda una exigencia distinta, esta para mi es una de las experiencias más agradables que he vivido. Es sentir como tus piernas se tensan y tus rodillas piden a gritos un descanso, es sentir la libertad, es reconocer lo afortunado que eres por tener una gran montaña enmarcando una ciudad que te ofrece una gran experiencia extrema.

20151121_085746Subir y recorrer El Ávila es conectarse consigo mismo. Es crear una galería fotográfica en tu memoria que jamás olvidarás. Es conocer mucho más de ella, como la muy sonada historia que te cuentan cuando subes por primera vez por Sabas Nieves, aclarándote que antes era conocida como El Diablo y El Diablito por las dos curvas pronunciadas que se encontraban en el recorrido. También se trata simplemente de disfrutar de los helados en el cortafuego.

Es también reconocer que no siempre podrás lograr a la primera, lo que te propones, sino que debes prepárate más para poder alcanzarlo. Esto lo pude aprender debido a varios intentos fallidos al tratar de ascender a los picos Naiguatá, La Silla de Caracas, Occidental, Oriental, El Humboldt, Picacho de Galipán entre otros.


Pero, siempre un pero

in Caracas, Venezuela, Sunday, March21{year}. / Photo/Leonardo Ramirez)
Pero ¿qué pasaría si el Ávila no pudiera ofrecernos todo su verdor para ejercitarnos, practicar las distintas disciplinas deportivas que se pueden realizar en ella o simplemente visitarla? ¿A qué viene la pregunta? Por lo siguiente:

El 28 de enero de 2017, a eso de las 2 de la tarde, observé un incendio en el Parque Nacional donde fueron afectadas más de 4 hectáreas. No cuestionaré si fue inducido o no. Pero leyendo varios reportajes sobre este hecho encontré uno que decía:

“En nuestro país no es normal ni esperable una “temporada de incendios”. Eso no existe acá. A diferencia de los bosques boreales en los que algunas especies de coníferas dependen del fuego para su reproducción, nuestros bosques no necesitan del fuego, ni siquiera en las zonas más áridas”.

Podrán ustedes sacar sus conclusiones.

Una dolora sensación

Avila 8Al ver como el fuego destrozaba los árboles de El Ávila, y como se esparcía más y más; la ansiedad y la angustia invadieron cada parte de mí. Tal vez porque he vivido de manera diferente El Ávila, el pecho se me apretaba y no podía identificar si era de dolor o de ira. Admito que sentía como una parte de mí se estaba perdiendo.
A la mañana siguiente al incendio, el gran parque mostraba una imagen distinta: una parte de ella no resplandecía como lo hace siempre; sus tonos verde-azulados eran muy pocos, mostraba una gama de grises que expresaban su dolor. Sin embargo, también manifestaba entereza y fuerza, como el de una madre cuando está enferma y te demuestra que puede seguir adelante a pesar de su malestar.

Avila 6Yo he tenido la oportunidad de disfrutar El Ávila de pies a cabeza y conocer ese contacto directo con la pureza y la belleza de nuestra naturaleza ¿Por qué dañarlo si podemos brindar la misma oportunidad y experiencia a otros?

¿Y qué pasaría si El Ávila no nos pudiese ofrecernos todos sus espacios?

La respuesta sencillamente es que no podríamos disfrutar más de las actividades que en ella se pueden realizar y perderíamos una parte del ADN que identifica a los venezolanos.

Para subir El Ávila se necesitan condiciones físicas y mentales, pero también mucha, muchísima conciencia. Mi llamado desde este pequeño, pero valioso texto es apreciar ese monumento natural que nos identifica en cualquier parte del mundo y recordar que siempre nos estará diciendo ¡Ánimo! ¡Fuerza! ¡Conóceme! ¡Ámame! Pero sobre todo ¡cuídame! Nos vemos en cualquier parte del ADN de los venezolanos, ya sea ejercitándonos, conociéndolo o simplemente disfrutándolo.

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