Hermanos de sangre, trotamundos de corazónOla caribe copia 3

Por Gerhard Weil @GerhardWeil

Fotos: Rodrigo Ungaro @RodrigoUngaro

Pregoneros de pasión y aventura. Sin límites, fluyen, elevan su vuelo mientras juegan en aguas bravas. Dinámicos, impetuosos, creativos y perfeccionistas vislumbran la calma tras cada mar de leva. Divergentes en carácter, acoplan su talento y percepción ante el poder indomable del templo azul.

En una de las mesas del cafetín de la Universidad Simón Bolívar en Sartenejas, estaba sentado Rodrigo, el hermano mayor de los Úngaros, luego de dar una ponencia magistral sobre su pasión por la fotografía, las olas y el mar. Su piel bronceada aún reflejaba el rastro del agua salada, con cabello corto catire ondeado claro y su mirada curiosa de niño inquieto.

 

HamacaTomó aire y en cadencia relajada empezó a relatar su historia: “Una vez que terminé el bachillerato, decidí irme a estudiar publicidad en la “U Latina” en la ciudad de San José en Costa Rica. Recuerdo que lo que tenía era una moto Aprilia y una cámara Canon Reflex modelo Rebel XTI con la que empecé a tomar mis primeras fotos. Poco a poco, la fotografía me fue envolviendo y me gustó tanto que un día me pregunté porqué no me dedicaba a la fotografía a tiempo completo. Así que vendí la moto y con ese dinero me compré una cámara Canon 7D con varios lentes profesionales tipo L, convencido de lo que quería hacer y empecé a manejar esa cámara de manera autodidacta”.

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Rodrigo, para ese momento, era pasante de la agencia transnacional de publicidad Ogilvy & Mather Costa Rica y el equipo que conformaba el departamento de producción audiovisual se dieron cuenta de su potencial como fotógrafo y decidieron encomendarle casi todos los proyectos fotográficos internos de la agencia. “El analizar con un ojo crítico las fotos hechas por otros fotógrafos me abrió el campo visual, además fue afinando lo que yo veía y lo que yo quería ver”.

También recuerda que varios años antes, cuando vivía en Caracas, se inscribió en un curso de fotografía con Roberto Mata y no aguantó porque sentía que se estaba metiendo mucho en el fotoperiodismo y eso no era lo que quería realmente. “Lo que yo quería hacer era fotografías de deportes extremos y nada más. Así que aprendí realmente dándome golpes y golpes con la cámara, hasta que entendí lo que era la apertura, el foco y la velocidad. Si una foto me salía sobreexpuesta, entendía que tenía una velocidad muy lenta o el ISO muy alto, de esa manera por ensayo y error fui viendo cada imagen en la pantallita en la cámara, le subía aquí o le bajaba allá”.

Rodrigo relata que en Costa Rica se “enfiebró” tanto con la fotografía de surf que decidió que eso era a lo que se quería dedicar profesionalmente. “Así que vendí todo y me fui a vivir a Hawai. Estando allá, hice un curso de fotografía con Brian Bielmann, el fotógrafo oficial de Volcom y de la revista californiana TransworldSurf. El curso duraba cuatro días y me quedé tres semanas absorbiendo la mayor cantidad de aprendizaje junto a Bielmann. Me gané su confianza y así pude conocer la gente clave en la industria del surf”.

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Posteriormente, se mudó para California e hizo otro curso con Art Brewer en la isla de Puerto Rico. Art es uno de los pioneros y genio de la fotografía de surf que inició su carrera en la década de los sesenta. También tuvo la oportunidad de establecer contacto con Jean-Paul Van Swae de la revista Surfer Magazine, Tanto Brewer como Swae fueron sus referentes y la manera de conectarse con la gente correcta, en el momento correcto. Estando en la Isla del Encanto, pudo fotografiar a surfistas profesionales, entre ellos al puertorriqueño Otto Flores y se entregó por completo a su formación. “Mientras que los otros alumnos estaban relajados en la piscina durante los breaks, yo me quedaba asistiendo a Brewer, cargando las cámaras, bajando fotografías o ayudándole a preparar las presentaciones, así se estableció una conexión muy chévere con mis mentores. Al terminar el curso, redacté e hice la selección de las fotografías para un artículo que salió en la revista costarricense 7 Mares. Si no te activas y eres proactivo, no llegas a ningún lado”.

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Durante ese curso en Puerto Rico, Rodrigo se cortó el pie con una quilla cuando estaba freesurfeando, pero aquel acontecimiento tuvo una razón de ser. “Cuando Art me vio allí con el pie cortado, me puso a prueba: él me prestó una de sus medias de neopreno especiales, hecha a su medida, para sujetar la herida mientras me trasladaban a la clínica y recuerdo que me dijo: ‘no me pierdas esta media por nada’. Bastó decir eso para que se cumpliera la Ley de Murphy.  Al llegar a la clínica, lo primero que hicieron fue cortar la media con una tijera. Art se volteó y me dijo en inglés fluido: ‘coño de tu madre cumple con lo prometido y devuélveme mi media intacta’. Para mí la palabra es la palabra, así que lo primero que hice cuando llegué a California fue comprar la tela de neopreno y busqué una costurera especializada en wetsuits para que me hiciera la media. Me fui para su casa y le entregué sus medias en las manos y Art me dijo con un estrechón de manos: ‘yo sabía que tú me ibas a responder’. A partir de allí se estableció una relación a otro nivel que me permitió expandir mi círculo de contactos con patrocinadores, revistas y el resto”.

“Cuando dejé de viajar tanto y me mudé para California para dedicarme a la fotografía de acción, para mantenerme tomaba fotos publicitarias de comida para restaurantes y me pagaban con gift cards equivalente a un montón de plata, lo que me permitía alimentarme bien. Estaba bastante cómodo y me sentía feliz y contento con lo que hacía. Eso ratificó mi propósito de vida de convertirme en fotógrafo profesional”.

Una amiga de su infancia, Gabriela Benatar, artista conceptual vinculada al mundo del surf, nos comenta que, desde que estaban en el kinder o cuando compartían de niños en La Lagunita Country Club ubicado en el sureste de la ciudad de Caracas, los hermanos Úngaro ya eran bastante extremos. “Cuando chamos nos soltaban allí; era el momento de estar libre de tus padres. De Esteban, recuerdo que era un loco sobre su bicicleta. Desde chiquito lo veías brincando o lanzándose por unas bajadas empinadísimas. En cambio Rodrigo era un pelo más calmado y jugábamos tenis. Sus padres tenían un apartamento en el Club Camurí Grande en La Guaira y desde siempre fueron muy conectados con el mar. A medida que fueron creciendo fueron desarrollando habilidades, cada uno en lo suyo. Rodrigo encontró su conexión a través de la fotografía y Esteban a través de sus aptitudes en el deporte”.

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Según Gabriela, las fotografías de Rodrigo transmiten elegancia y paz. “Sus fotos tienen una sutileza con los blancos que irradia tranquilidad, elegancia y paz. Cuando veo a Esteban en acción, puedo captar que lo hace con amor, entrega y pasión. Se nota  a simple vista que es lo que ama hacer. La sensación que me genera esa simbiosis de ver a Esteban sobre una ola surfeando y su hermano complementándolo con la fotografía es única.  Ambos son afortunados de tenerse uno al otro. De personalidad, ellos son completamente distintos pero, como vienen del mismo vientre, están naturalmente conectados de manera sublime y fluida; es algo que no tiene explicación”.

Rodrigo recalca que ellos pertenecen a una familia súper unida. “Siempre viajábamos todos juntos para California, México y a Los Roques. Mi hermano Esteban siempre ha sido un atleta extremo destacado. Ha sido patrocinado en motocross y en skate lo apoyaban varios sponsors.  Sea cual sea el deporte que practica, la constante es que lo apoyan y en un mismo año; es algo increíble.

“En la época cuando me mudé a California, mi hermano ya estaba viviendo allí estudiando inglés y luego artes gráficas visuales vinculadas a la pintura. Él ya era un fenómeno surfeando y empecé a tomarles fotos en diferentes points como La Joya o San Clemente. Él me decía mira Ro, hay olas allá arriba y nos íbamos a hacer sesiones de fotografía, yo apasionado con mi cámara, él con su tabla”. Ambos provechaban mutuamente esos momentos para esa dupla entre ‘Ro’ (Rodrigo) y ‘Estebian’ como se dicen entre si los hermanos Úngaro, produjera tomas extraordinarias. “Además de hermanos, somos burda de panas y convives; nos las pasamos juntos”.

“Durante mi carrera fui aprendiendo a trabajar de la mano de los surfistas a los que fotografío. Muchos de ellos saben el lente con el cual estoy trabajando. Y eso se lo fui enseñando a Esteban para que trabajáramos de la mano. Esteban es un genio para los deportes del surf. Está actualizado con las nuevas maniobras y se documenta con muchos videos de surf, así que entiende muy bien toda la parte técnica dentro y fuera del agua de una manera muy precisa a un nivel que, en ese sentido para mí, es un súper dotado. Si me meto con el housing y hay corriente, nos movemos para poder estar en el ángulo correcto para darle click a la cámara en el momento y en el lugar oportuno. A Esteban le encanta volar, hacer aéreos full rotation, y a mi fotografiarlo.  Yo ya entiendo y anticipo la acción de su estilo de surf porque tengo tanto tiempo trabajando a su lado. Eso me pasa con otros surfistas pero con mi hermano es algo que va más allá, porque lo conozco de toda la vida, sé los trucos que le gustan y puedo anticipar lo que va a lanzar. Él es un personaje; yo personalmente pienso que él debe tener Asperger, tipo el surfista hawaiano Clay Marzo. Si le tomo una foto, la ve mil veces, la analiza de una manera increíble y eso es rarísimo. Muchos no lo entienden, pero yo he logrado de alguna manera entenderlo. Para mi familia es complicado entender que él quiere ser surfista profesional, pero eso es lo que él quiere y ya”.

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Por su parte, Esteban tiene algún tiempo sin pintar. Según Rodrigo, su estilo es muy personal ya que maneja el humor de una manera muy
particular. “Me recuerda una tabla impresionante que pintó un hippie, que usó la tabla como lienzo para dibujar un jirafa con un texto que decía en inglés: ´Mi cuello no es lo único largo que tengo’. Esteban maneja un humor irreverente y en sus ilustraciones tiende a alargar los cuerpos. En mis fotografías puedo capturar las diferentes facetas de la personalidad de Esteban, que se reflejan claramente según su estado de ánimo o lo que esté haciendo, ya sea surfear en su playa favorita o cortarse el cabello en un barbero frente a una parada de autobuses de Baruta con una botella de Polar Ice en la mano. Él es multifacético”.

“Yo estoy seguro que si mi hermano agarrara una cámara y se dedicara a la fotografía me podría superar, porque cuando él agarra algo, con su talento, sobrepasa los límites de lo imaginable. Él podría ser ese pupilo en la fotografía con quien podría dejar un legado y trascender más allá lo que he hecho hasta ahora como fotógrafo. La historia, siempre se ha repetido. Él empezó a surfear porque yo surfeaba, luego empezó a montar motos y en menos de un año ya estaba corriendo la categoría expertos internacionales. Cuando empezó a hacer kite, a los 5 días ya estaba brincando. Los profesores de kite se quedaron locos; le dieron clase y no necesitó asistencia. Nunca lo había hecho y ya sabía.  Esteban tiene condiciones naturales cualquier deporte. Con 24 años de edad, si logra ser constante en uno de esos deportes por su talento va a llegar lejos.

La marca de tablas californiana Lost Surfboards lo patrocina con tablas al costo como premio a su talento. “Yo lo ayudo a tener más exposición dándole el soporte fotográfico para apoyarlo en su carrera. Cuando le dices a la gente que surfea acá en Venezuela  Esteban Úngaro, es posible que no sepan quién es, pero si le enseñas una fotografía inmediatamente saben de quién se trata”. Por los momentos, Esteban se mantiene alejado de las competencias, es más free surfer. “El prefiere ir a surfear tranquilo y partirla, hacer trucos. Llega y me dice emocionado: ‘Ro Ro, hice el aéreo 360 y le caí’.Su relación es más con él mismo que con quienes están a su alrededor. No es por sobrado, pero él sabe que surfea mejor que muchísima gente que compite y que son reconocidos”.

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Hoy en día, Rodrigo está atravesando una nueva etapa, en la cual ha comenzado a compartir sus conocimientos a través de cursos de fotografía y desea seguir expandiendo sus conocimientos sobre la fotografía de surf y la fotografía artística, que es la que le permite ganarse la vida. “Hay que aprender a ser menos egoísta con tus fotos. Si tú crees que tu foto vale miles de dólares para una revista pero se te presenta una oportunidad de publicar una gratis pero sabes que va a llegar lejos, dejarla ir, porque podría tener un efecto expansivo. Aunque no te paguen en un principio, puedes ir creando tu imagen internacional. Por ejemplo, le tomé una buena foto a mi hermano en el más reciente curso que hice y se la voy mandar a Matt Biolos de Lost Surfboard en California; se la voy a enviar a las revistas con las que he trabajado; a ZonaRadical.com para este reportaje y medir así hasta donde llega esa foto, que muestra un aéreo en una vista desde donde ves Majagua completa y ves a mi hermano volando desde atrás. Es un tipo de foto que no se ve mucho en el país.  La clave es tener timing, perspicacia y atreverse a entregarse por completo a tu pasión”.

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Para que se desarrolle la industria de la fotografía de surf en Venezuela, una de las cosas que se necesitan es mayor seguridad. En Estados Unidos puedes ver a casi 100 fotógrafos capturando imágenes de surf en un día bueno. Acá en Venezuela, como mucho podrás ver dos o tres y están escondidos para que no les vean la cámara. Los equipos son costosos y con el problema de la adquisición de divisas es casi imposible comprarse una cámara buena para deportes, ya te sale en no menos de US$ 1.800 más los lentes que te salen desde US$ 1.500 para arriba.  Podrías hacerlo con equipos más económicos, pero si quieres llevar tu fotografía a otro nivel, necesitas buenos equipos, condiciones de seguridad y el ánimo de hacer más por tu país. Si tú quieres que tu país salga adelante y lo puedes demostrar, hay que hacerlo y punto. Es decir, si quieres ser fotógrafo de surf, trata de hacerlo bien, de destacarte y hacer que tu trabajo llegue más allá de las fronteras, siempre yendo un poco más allá de lo evidente”.

Descripción de los hermanos Úngaro, back to back:

Esteban: Atleta, genio, único, personaje, indescifrable.

Rodrigo: Creativo, entusiasta, artista, aventurero, amante de la naturaleza y la libertad.