LR18Texto: Lucía Coll (IG: @lucollgo)

Fotos: Juan Carlos Luque (IG: @luquejuan

Cuando pensamos en Los Roques, lo primero que se nos viene a la mente es una gama impecable de azules intensos; nos visualizamos con los pies en su arena blanca y viendo las gaviotas alinearse con el horizonte. Pero, ¿se imaginan vivirlo deslizándose parados sobre sus aguas de un cayo a otro y absorbiendo todas y cada una de las mejores impresiones que este paraíso tiene para ustedes? Sí, sí es posible vivirlo de esta manera.

Hace unas semanas, vi en las redes sociales que mi amigo Gerhard Weil y su equipo de Zona Radical estaban promocionando un curso de SUP (Stand Up Paddle) en Los Roques y de una vez captó mi atención. Gerhard nos dio muchas facilidades para que pudiéramos asistir y redescubrir este edén desde una nueva perspectiva, y así lo hicimos: salimos de Caracas muy temprano; nos embarcamos en Maiquetía y, a las 6:00 am en punto, nuestro avión estaba despegando hacia el archipiélago.

LR20Al pisar el Gran Roque, el viento te da la bienvenida, te agita el cabello y te invita a soltar todas las preocupaciones. Inmediatamente, el equipo de logística nos ayuda con nuestro equipaje y vamos caminando hasta nuestra posada: Aquavit, impecable, cómoda, a la orilla del mar y con atención de primera.

Nos acomodamos en nuestras habitaciones y nos alistamos para comenzar a hacer nuestro anhelado curso de SUP, pero en ese momento se nos acerca un joven del pueblo y nos dice: “Gerhard los está esperando para entrevistarlos en su programa de radio”. ¿Radio? ¿En Los Roques? Pues sí, tuvimos la oportunidad de transmitir en vivo nuestras expectativas y desde ese paraíso, por medio de Zona Radical. ¡Increíble!

LR1

Luego de terminar el programa, se alistaron los equipos, se montaron las tablas en unas lanchas blancas, impecables y con techo, y partimos hacia nuestra aventura. Fluíamos sobre un arcoíris azul. Llegamos a Cayo Madrisquí, en donde el agua color turquesa dilata nuestras pupilas y nos hace sentir que vivimos en un mundo surreal.

LR15

Tuvimos nuestra introducción al SUP. Yo solo lo había hecho una vez anteriormente, y en aquel momento me caí muchas veces, por lo que en esta ocasión me sentía un poco nerviosa ya que además me tocaba transportar a mi hija de dos años. Pero todo fluyó. Esas aguas son nobles y respetuosas; nos sentíamos casi volando.LR5

Almorzamos una deliciosa hamburguesa de pescado a la orilla del mar, y entre chapuzón y chapuzón en las cristalinas aguas, el resto del día nos ocupamos de perfeccionar nuestra técnica de SUP, ya que al día siguiente navegaríamos en lugares remotos del archipiélago y debíamos estar preparados.
LR6

Esa tarde todos volvimos con una sonrisa a la posada.  Subimos al faro del Gran Roque y admiramos el atardecer desde ese paraíso. Cenamos y tuvimos la oportunidad de escuchar la conferencia inspiracional FLUIR sobre aguas bravas con proyección del corto documental Churún, hijos del sol incluido, dictada por Gerhard Weil para toda la comunidad roqueña, y así nos inspiramos aún más para el día que nos esperaba.

LR23
En la mañana siguiente, me levanté escuchando risas de niños, niños felices. Me asomé por la ventana y vi cómo Gerhard estaba enseñado SUP a los niños del pueblo de Los Roques. Las sonrisas no cabían en sus caras. Todos les daban vueltas, saltaban, se montaban en las tablas y no podían creer que estaban parados sobre el agua. Ellos demostraban sin ninguna censura, exactamente, lo que nosotros sentíamos sobre las tablas. Era un verdadero placer verlos disfrutar y aprender.
LR22

Desayunamos, nos preparamos y nos fuimos, esta vez mucho más lejos. Llegamos a un cayo que apenas tenía un pedacito de arena para desembarcar, el resto eran manglares. Tomamos nuestras tablas y nos separamos de la orilla. Fuimos bordeando los manglares. Mi hija, quien estaba sentada a mis pies, señalaba con asombro todo lo que le parecía nuevo. Vimos muchos peces, mantarrayas y hubo un momento, un mágico momento, en el que nos desplazamos por un lugar poco profundo, de agua completamente cristalina y en el fondo se veían decenas de estrellas de mar. Realmente volábamos sobre un mar de estrellas. Estábamos dentro de un cuadro de Dalí.

LR3Cruzamos de cayo en cayo. El fondo se acercaba y se separaba de nuestras tablas. Los corales llenaban de color nuestros ojos y hubo un momento donde el agua se tornó oscura, oscurísima: era mar abierto. Pero no sentí miedo, a pesar de que mi hija dormía a mis pies y el viento soplaba intensamente… me sentí agradecida. Mi esposo remaba cerca de nosotros y en ese instante el sol bañó con dorado las pequeñas olas, mientras en el horizonte se veía el azul clarito que nos esperaba adornando la orilla del cayo donde nos bajaríamos a almorzar. Fue como cumplir una meta en equipo, en familia. Remamos juntos hacia nuestro destino.

En la playa nos esperaban con la comida lista. Conversamos, reímos y reflexionamos. Sabíamos que teníamos que regresar; no sabíamos si queríamos regresar o quedarnos en ese lugar para siempre.

LR8

Todo sumó. Todos sonreímos siempre; las comidas eran soñadas; los esfuerzos de la comunidad de Los Roques para atender a los turistas eran notables, siempre superaron las expectativas del nuestro grupo, e incluso algunos de nosotros tuvieron la oportunidad de bucear con tanque y todo. No hubo desperdicio.

LR11

Definitivamente es una experiencia que quedará en nuestros corazones. Se convertirá en ese lugar feliz y de paz dentro de nuestras almas. Será el planeta azul de nuestras mentes. Venezuela esconde grandes milagros; solo debemos permitirle mostrarlos.

LR13