Texto: Nolan Rada @Nolanrada

Fotografia: Cortesía de Vagos Latinamerica @vagosla

Ensayo y error. Aprendizaje empírico por sobre el teórico, con la alegría como medio para seguir intentándolo. Así ha sido parte del desarrollo de Ahmed Pérez en distintos planos de su vida. En especial, en el surf. No tuvo maestros referenciales, pero “le debo mucho a varias personas que me llevaron a playas, me prestaron tablas de surf y me orientaron en diferentes momentos” desde sus inicios en Playa Grande en Catia La Mar, estado Vargas, hasta distintas playas paradisíacas del mundo.

Sus inicios los recuerda así en la revista Surfos:

“Pasaba horas en la playa del Club Marina Grande viendo a los surfistas, esperando que alguien me prestara una tabla para surfear. Recuerdo que un amigo de infancia llamado Emilio fue el primero en prestarme su tabla de surf. Y desde que me paré y recorrí mi primera ola, me conecté con el surf”.

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Esa conexión ha sido tanto a nivel competitivo en distintas costas del mundo ante diversos rivales, y a nivel personal, expresada a través del freesurf, el que practica actualmente. Parte de la mutación de su preferencia como surfista derivó de una ola que lo dejó inconsciente en Hawái. El episodio le hizo reorientar algunos aspectos de su vida. Así lo describió en Surfos:

“Bajé a la playa y vi las olas inmensas que estaban llegando, subí a casa a buscar mi tabla, me coloqué una toalla en la cabeza y medité, me sinceré conmigo sobre cómo me sentía para surfear esas condiciones y decidí que me sentía bien y me fui al agua. […] Me tomó dos horas agarrar mi primera ola. Tenía rato esperando, venía un set de olas grandes y era mi turno. Remé hacia la ola y cuando ya me iba a poner de pie entró una contra ola (backwash),  mi ola se movió y me arrojó varios metros hacia arriba. Pateé mi tabla hacia un lado, caí desde la cima de la ola y entré de cabeza al mar, impactando toda la parte derecha de mi cuerpo con el fondo del arrecife de la playa, y perdí el conocimiento. […] Justo detrás de mi ola un brasilero tuvo un fuerte accidente y los salvavidas que me fueron a rescatar lo auxiliaron a él pensando que era yo, mientras yo estaba en el fondo de la playa. […] Gracias a un milagro de Dios yo terminé en la orilla de la playa y allí me auxiliaron trasladándome a el hospital’’

Las olas no sólo habían sacudido el cuerpo de Ahmed: también habían agitado su mentalidad, su filosofía de vida. Con golpes en la cabeza, la cadera y el hombro dislocados, y luego de tres días en observación en el hospital, Ahmed volvió al mar en muletas para prometerle que lo volvería a surfear.

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Desde entonces, Ahmed Pérez cambió desde su alimentación hasta la forma de relacionarse con su entorno, con especial atención hacia la ecología. Tiene sentido la preocupación, considerando que a través de la naturaleza, del mar, ha podido hacerse un nombre y ha aprendido parte de lo bueno y lo malo de la vida, logrando adaptar las lecciones al día a día. Su preocupación ecológica es un agradecimiento a través del cuidado hacia un maestro que es, considerando los distintos rostros de la naturaleza. En persona, Ahmed Pérez transmite una tranquilidad que pudiera entenderse como despreocupación, y no es así: es una tranquilidad atenta, que pareciera permitirle advertir problemas, conflictos de la sociedad actual sin sobrecargarse de preocupación. Parece de las personas que prefieren ocuparse antes de preocuparse.

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Ha sido ese sentido el que lo ha llevado a crear proyectos como “Agua Salada” (Salt Water), que a través de distintas actividades culturas procura la concientización de las personas en relación con su entorno natural, físico y mental. Ha sido ese sentido el que lo ha llevado a aventurarse por distintas zonas en busca de playas escondidas, de lugares que le sigan descubriendo adrenalina y pasión por el surf, sin que haya un reloj que marque el tiempo del heat, pues ese tiempo, ahora, sólo depende de él.

Parte de ese espíritu se puede apreciar en las distintas campañas que ha desarrollado para Vagos en Venezuela. Sin estar exclusivamente relacionado, ha sido la misión ecológica y el nuevo sentido que tomó su vida a partir de la experiencia hawaiana lo que nutre cada imagen, cada concepto y cada producto que dan sentido al concepto de “NeoVagabundo”, un sujeto que a través del surf, el skate, y distintas formas artísticas puede dejar huella en la tierra sin erosionarla. Desde ahí se explica una campaña que prioriza el ambiente, el entorno, y el recorrido por sobre el individualismo y la meta como fin. Ya se sabe: no se trata de llegar a la meta, sino de disfrutar el recorrido y hacer que éste sea tan enriquecedor para el ser como para el entorno que atraviesa.

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Si consideramos que el surf nace de la ola, que estriba en un ciclo de retroalimentación en el que viento, agua y superficie crecen y evolucionan juntos, se entienda que Vagos haya arropado esta filosofía, procurando crecer a través del individuo, el ecosistema, el deporte y las artes, como sugiriendo, en palabras de Gustavo Cerati, que “comprender que sólo estar es más puro” y que, en el caso de los surfers, “el fin del mar/es sentirse igual/vivo”.